Rosh
HaShaná señala la Creación del ser humano,
Pésaj su objetivo
Nuestro nacimiento y la vida son fenómenos independientes a nuestra
voluntad. No pedimos nacer ni existir. A su vez toda persona normal ama la
vida. El fenómeno de la existencia engloba dos componentes, uno pasivo:
el nacimiento y la vida y otro activo: el amor por la vida. En Rosh HaShaná
nuestra labor espiritual se concentra en la comprensión y valorización
de lo que recibimos a través de la Creación, así como
de su estructura espiritual. En Pésaj, el trabajo espiritual consiste
en lograr el objetivo de la Creación: alcanzar la libertad.
¿Liberarse
de qué?
Para dilucidar este interrogante es imprescindible comprender ¿qué
es y cómo funciona la Creación?
La Creación es la manifestación finita de una Energía
Infinita. La Energía Infinita actúa gradualmente expandiendo
los límites de la Creación para que ésta, finalmente,
se reintegre a lo Infinito.
Rabí Moshé Jaím Luzzatto, conocido como el Ramajal,
nos explica que tanto en la Creación del mundo como en su conducción
HaKadósh Barúj Hú no manifiesta su Energía
Infinita sino que actúa como los seres humanos que hacen las cosas
gradualmente. Si aplicase todo su poder no podríamos captar ninguna
de sus acciones, mientras que el accionar gradual nos permite captarlas. Ello
es a lo que se refiere el libro Etz Jaím al expresar que «El
Infinito contrajo Su luz», o sea que no actuó con toda su potencialidad
en la Creación sino en forma medida. La Energía Infinita puede
revelarse de dos formas: manifestando todo su potencial o gradualmente. HaKadósh
Baúj Hú creó el mundo mediante la medida, entonces
graduó su potencial infinito lo cual generó etapas y medidas
a partir de los cuales nosotros podemos conocer y conocerLo estableciendo
relaciones lógicas de causa y consecuencia.
La Creación
y el alma
El alma es anterior a la Creación pertenece al ámbito de lo
Infinito; el cuerpo, en cambio, es el resultado de la Creación. El
cuerpo en sí mismo nunca podrá ser libre ya que está
circunscripto a lo finito, existe dentro de los límites tiempo-espacio
y así como todo lo que se encuentra en los dominios de la naturaleza
finalmente deberá morir. Nuestra alma, en cambio, pertenece a un mundo
infinito, no conoce límites. La libertad surge cuando desde lo finito
alcanzamos lo infinito.
Hebreos
Pésaj significa pasar por encima, por ello nos llamamos ivrím-
hebreos que proviene del verbo laavor-pasar por encima ¿Pasar
por encima de qué?: de nuestras ilusiones y así percibir la
realidad en forma objetiva dejando de justificar nuestras debilidades e instintos
egoístas que nos esclavizan al ámbito material-sensorial, lo
que muere, lo finito. Pésaj también significa una boca que relata,
que educa a nuestros hijos, futuras generaciones y al mundo, en cambio Paró
(el nombre del faraón egipcio que nos mantenía esclavos) significa
boca mala, la que habla calumnia que sólo percibe lo negativo. Pésaj
activa el potencial de salir de las propias limitaciones, la liberación
de la causa de toda esclavitud: el egoísmo.
Cuatro hijos-cuatro
tendencias
Los cuatro hijos que nos relata la Hagadá: el sabio, el malvado,
el ingenuo, y el que no sabe preguntar indican cuatro niveles en nuestro interior,
cuatro tendencias y cuatro personalidades. Estas cuatro índoles son
también cuatro formas en que se manifiesta el alma, por ello al educarlos
respetando sus personalidades y tendencias nos completamos también
a nosotros mismos.
La Torá se pregunta ¿cómo llegaron a esa situación
y cómo ayudarlos? El Malvado es quien aprendió a justificar
sus deseos sin considerar las consecuencias que éstos generen. Él
no conoce límites, entonces concluye que el egoísmo es la mejor
forma de actuar.
El que No sabe preguntar es consecuencia de una educación que
no supo encontrar la forma de ayudarlo a desarrollar incentivos. Así
surgen personas en quienes la pasividad da lugar a la indiferencia y a la
pobreza de objetivos.
El Ingenuo es quien recibió una formación que lo induce
a tomar decisiones y prever la consecuencia de sus actos a partir de lo que
él piensa y siente. Ello se traduce en buenas intenciones pero, al
no poseer el conocimiento de los Principios Superiores, se encuentra carente
del conocimiento para poder superarse y desarrollarse espiritualmente.
El Sabio es aquel que aprendió a discernir en base a Principios
Superiores, Objetivos y Universales, previendo así, realmente, la consecuencia
de sus actos.
Aprendiendo
a ser libres
La verdadera libertad surge cuando superamos las tres formas básicas
en que el egoísmo puede manifestarse: la frialdad del hijo malvado,
la indiferencia del que no sabe preguntar y la buenas intenciones carentes
de conocimiento de los Principios Superiores del ingenuo. Estos tres
ámbitos indican tres tipos de carencias en la conducta, las emociones
y en la forma de discernir. El Sabio, en cambio, señala el esfuerzo
en alcanzar nuestro máximo nivel conciencia que surge cuando actuamos
a partir de Principios Superiores, Universales y Objetivos, y no simplemente
de acuerdo a criterios parciales que carecen del alcance para discernir las
diferentes situaciones existenciales.
De una forma u otra estas tendencias también pueden manifestarse en
los Sabios hasta que logran consolidar completamente el conocimiento de la
Sabiduría. Por ello precisamos ser guiados por Sabios Altruistas quienes
alcanzaron el Discernimiento Superior para no quedar a mitad de camino. Ante
cada situación que atravesamos debemos preguntarnos con cuál
de los cuatro hijos que nos describe la Hagadá estamos identificados
y esforzarnos en actuar aconsejados por el Sabio.
Pésaj
el desafío de siempre
A lo largo de la historia humana hemos caído repetidamente en el mismo
error: buscar las culpas en el otro. Así siempre encontramos la perfecta
excusa para liberarnos de toda responsabilidad. Pero no es esa la «libertad»
que Pesaj nos enseña.
El egoísmo, la fuente de todos los sufrimientos, es la forma que adopta
nuestra conciencia cuando ignoramos nuestra Esencia -nuestra chispa de HaKadósh
Barúj Hú - y es «quien» puede esclavizarnos.
En cambio, cuando el hombre se desarrolla espiritualmente y logra sobreponerse
a los deseos egoístas, entonces ya no será cautivado por ellos,
así comienza a surgir la verdadera libertad: el altruismo.
El desafío permanente en generar el bien nos mantiene en constante
crecimiento. Así activamos todo nuestro potencial y tomamos conciencia
de la fuerza infinita que existe en cada ser humano creado a Su imagen y semejanza.
Ese objetivo es el único que puede darle un sentido trascendente a
nuestra vida.
El propósito de la Creación es que superemos el mal, la indeferencia
y la ingenuidad, lo que nos separa de nuestro semejante y de nuestra máxima
identidad y Ser. La finalidad del mundo la aprehendemos cuando nos descubrimos
como parte de una y única realidad con un objetivo común: el
bien de todos. Entonces se revela el objetivo, La Armonía Universal.
La auténtica
libertad
El egoísmo manifestado como mal, indirectamente como indiferencia o
desapercibido en la ingenuidad de las buenas intenciones, parece más
«natural» y «espontáneo» siendo que induce
a los hombres a actuar de acuerdo «a lo que sientan». El Sabio
Altruista, en cambio, debe pensar en la consecuencia de sus actos. En
ese contexto el judaísmo no es «natural» ni «espontáneo»
pues cada acto que el hombre realiza debe ser el resultado de un proceso de
evaluación de la realidad para prever la consecuencia que nuestros
actos van a generar. Ese proceso espiritual se denomina en el lenguaje espiritual
judío, mitzvá. No codiciar, no engañar, no asesinar,
así como cada una de las 613 mitzvót son los desafíos
de la vida espiritual judía para que superemos la esclavitud y alcancemos
finalmente nuestra verdadera esencia donde está la auténtica
libertad y nuestra verdadera forma de ser.