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Mishpatím
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Las
relaciones humanas son el mejor medio para conocer a las personas, pero fundamentalmente
son la forma de conocernos a nosotros mismos. Por ello nuestro aprendizaje no
reside en medir como las personas se relacionan con nosotros sino que lo que
debemos medir es nuestro comportamiento hacia el prójimo.
La Kabalá nos enseña que cada situación existencial
que atravesamos es una oportunidad de conocernos y tomar conciencia de nuestros
miedos, inseguridades y entonces superarlos y corregirlos.
La Torá define cinco grados de agresión que los seres humanos
somos capaces de provocar en las relaciones humanas: Nezek, Tzáar,
Ripúi, Shévet, Bóshet.
Nezek
(perjuicio)
Todo lo que cause pérdida y/o daño a los bienes materiales. La
forma en que nos afecta la relación con lo que poseemos y los otros poseen
nos hace tomar conciencia de nuestras prioridades. El ideal de justicia para
la Torá es «lo mío es tuyo y lo tuyo es tuyo».
En cambio, cuando el plano material se transforma en el objetivo, desembocamos
en una estrecha percepción de la realidad limitada a nosotros mismos,
para la cual el ideal es «lo mío es mío y lo tuyo es tuyo».
Esto lleva a un aparente «respeto» hacia el prójimo, pero
incentiva la indiferencia y el egoísmo ya que cada uno define para sí
«qué es lo suyo» y «qué es lo tuyo», siendo
esa la fuente de todos los conflictos.
Tzáar
(dolor, congoja)
Los seres humanos naturalmente sufrimos cuando nos vemos afectados personalmente.
Pero cuando se trata del sufrimiento del prójimo ¿hacemos el esfuerzo
en evaluar justamente la situación amando al prójimo como a nosotros
mismos?
Ripúi
(reparación)
Lo que precisa curación. Enfermedad, en hebreo majalá proviene
del vocablo jalal, es aquello que produce un vacío que debe ser
integrado al estado de salud, de armonía. Las enfermedades que atravesamos,
sean físicas, emocionales, mentales y/o espirituales son el síntoma
de un vacío de conciencia, una desconexión espiritual que debemos
llenar. La raíz de este fenómeno es la desconexión entre
el objetivo y la forma de alcanzarlo, entre el cuerpo: quien percibe y centraliza
en la vida física todo lo que deseamos y el alma: quien sabe cómo
alcanzarlo. El proceso de curación debe ir acompañado, cuando
es posible, de una reflexión sobre el objetivo de la vida. Esos momentos
pueden ser de mucho crecimiento espiritual revelando una conciencia que generalmente
no asumimos en otras oportunidades.
Shévet
(incapacidad de desarrollar actividades)
Indica impotencia ante las situaciones existenciales. Imposibilidad de trabajar
e implementar un proyecto. Shévet abarca todo lo que neutraliza
la acción y/o la voluntad. Ante ese tipo de situaciones debemos buscar
rodearnos de personas e incentivos que nos ayuden a recuperar la fuerza interior
que transitoriamente perdimos.
Bóshet
(vergüenza)
Esta experiencia puede llegar a ser peor que un dolor físico. Por ello
la Torá nos enseña que está totalmente prohibido
avergonzar al prójimo. Pero alguna vez puede suceder que atravesemos
una situación en la que nos sintamos avergonzados o hasta humillados.
Ese es un momento de reflexión en el cual debemos evaluar nuestra reacción
y también aprender qué es lo que tanto afecta a nuestro ego.
Cinco
ámbitos en las relaciones humanas
Cinco ámbitos generales determinan nuestra forma de relacionarnos con
el prójimo.
1. Lo presente
2. Lo inmediato
3. Lo cercano
4. Lo lejano
5. Lo trascendente.
Estos cinco ámbitos
están íntimamente ligados con los cinco grados anteriormente mencionados
y los podemos representar como cuatro círculos concéntricos en
torno a un punto central. El centro indica nuestra realidad presente, el primer
círculo señala lo inmediato y así sucesivamente hasta el
cuarto, el más exterior y lejano que define el alcance de nuestra conciencia.
Lo trascendente y sagrado
El cuarto círculo, lo trascendente, es en última instancia el
que marca nuestros límites: los valores que consideramos absolutos y
que no estamos dispuestos, de ningún modo, a sacrificar: es lo que consideramos
sagrado (de ahí la sensación de vergüenza y humillación
antes mencionadas).
Cuando un individuo, una nación etc. pierde los límites que establecen
el ritmo que armoniza lo presente con lo trascendente termina por distorsionar
su concepto de lo sagrado.
Cinco grados del
alma
El alma posee cinco grados generales de conciencia denominados: Néfesh
–lo presente: el ámbito material sensorial, Rúaj -lo
inmediato: el plano emocional, Neshamá -lo cercano: el pensamiento,
Jaiá –lo lejano: la voluntad y Iejidá -lo trascendente:
lo eterno, el plano netamente espiritual.
Lo presente así
como lo inmediato y lo cercano, instinto, emoción y pensamiento respectivamente
surgen naturalmente en cada momento de nuestro diario vivir. Lo lejano y trascendente,
la voluntad para alcanzar los valores eternos-espirituales, en cambio, exige
un esfuerzo, dado que debemos trascender nuestros instintos, emociones y pensamientos
supeditándolos a través de la voluntad a principios eternos-espirituales.
El alma y las sefirót
Cada uno de estos cinco grados se relaciona con una sefirá :Néfesh
con Maljút, Rúaj con Tiféret, Neshamá
con Biná, Jaía con Jojmá y Iejidá
con Kéter .
Cada sefirá representa un grado de la Luz Infinita, como una serie
de cristales a través de los cuales la Luz va adquiriendo más
y más presencia. El Zóhar nos transmite una imagen de ese
proceso designando a cada una de las sefirót como el resultado
de la luz atravesando cristales de diferentes colores. Negro para Maljút,
verde para Tiféret, rojo para Biná, blanco para
Jojmá y transparente para Kéter .
Los conductos hacia
lo eterno
Los cinco niveles representan cinco grados a través de los cuales se
manifiesta nuestro deseo. Néfesh –lo presente, la reacción
instintiva, Rúaj -lo inmediato, las emociones y Neshamá
-lo cercano, el pensamiento, relacionado con Ripúi, lo
que precisa curación, sanación. La curación proviene del
olám HaBriá – mundo de la Creación que en hebreo
se relaciona con salud briút. Por ello previamente explicamos
que el proceso de curación debe ir acompañado, cuando es posible,
de una reflexión sobre el objetivo de la vida ya que esos momentos pueden
ser de mucho crecimiento espiritual revelando una conciencia que generalmente
no asumimos en otras oportunidades. Aunque en realidad para quien se inicia
auténticamente en la Kabalá esa es la actitud permanente
ante cada situación existencial.
Cuando el pensamiento no alcanza a discernir en la voluntad por captar lo trascendente,
los seres humanos terminamos por justificarnos y adaptar la realidad a nuestras
debilidades en lugar de expandirnos a lo eterno.
El pensamiento-lo cercano, es lo que puede darnos el discernimiento para alcanzar
lo lejano, la voluntad que no poseemos para alcanzar lo trascendente. La función
del pensamiento es discernir en nuestros deseos a partir de Principios Objetivos
con el propósito de alcanzar lo trascendente.
Cuando un individuo, una ideología y/o una cultura se identifican únicamente
con lo presente, inmediato y cercano no perciben más que la muerte al
final del lapso de la vida física. Entonces los objetivos presentes,
inmediatos y cercanos tienen comienzo y fin, mueren; en cambio, cuando los supeditamos
a lo trascendente son los conductos hacia lo eterno.
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