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¿Dónde está el mundo venidero?
« Lo que en este mundo para la gran mayoría es importante en los mundos superiores, en los estados superiores del ser, no tiene valor »
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El
Talmud de Babilonia en en tratado Pesajím 50 relata que Rav Iosef hijo
de Rabi Iehoshúa accede a los mundos superiores y cuando regresa su padre
le pregunta ¿qué viste? vi un mundo al revés, le responde
su hijo. Lo que en este mundo está abajo “Allí” está
arriba y lo que aquí está arriba “Allí” se encuentra
abajo. El padre le dice: un mundo de claridad y verdad viste.
Lo que en este
mundo para la gran mayoría es importante en los mundos superiores, en
los estados superiores del ser, no tiene valor. Este mundo, el ámbito
material-sensorial, es el mundo del egoísmo y los mundos superiores espirituales
son mundos cada vez más luminosos cercanos a la forma superior al Kadósh
Barúj Hú, en donde a medida que nos elevamos se intensifica
el altruismo hasta que finalmente todo es Uno.
Lo que poseo versus
lo que soy
En este mundo
se valoriza principalmente lo material, lo que poseemos. En los mundos superiores
espirituales lo que prevalece es lo que somos verdaderamente, lo esencial: bondad,
altruismo, Luz.
En este mundo el deseo separa al ego de la plenitud de la Luz, ya que el egoísmo
finalmente aisla. En los mundos superiores espirituales el deseo altruista nos
unifica en la plenitud luminosa. “Allí” el ego se integra al
Todo y la conciencia de la realidad es directamente proporcional a la voluntad
altrusita. "Allí" somos, conocemos y tomamos conciencia a través
del dar.
Así como cada órgano actúa beneficiando al cuerpo para
brindarle armonía, así cada alma es parte de la realidad infinita.
Implementando el altruismo el alma conoce, se conoce, y Es.
¿Cómo? Pone su ego al servicio del todo y así el ego encuentra
su lugar y resolución. Entonces el ego-aní
se expande al Yo superior-Anojí,
ya que el egoísmo separa y el altruismo unifica.
El mundo venidero
en este mundo
Nos enseña nuestra tradición que el tzadik,
el justo, toma conciencia de su mundo venidero ya en este mundo.
Tzadik es quien se ocupa verdadera e intensamente del trabajo espiritual
en la Torá y las mitzvót y así transforma
lo que lo aleja del Kadósh Barúj Hú, su egoísmo,
en altruismo.
Entonces comienza a alcanzar la conciencia de los mundos superiores desde su
cuerpo físico y por ende la sabiduría para armonizar todos los
conflictos. Sólo entonces el ser humano puede inspirar y ayudar verdaderamente
a su prójimo.
¿Cómo podemos hacerlo nosotros?
Educando nuestros deseos. El deseo es innato e inconciente, en cambio la
voluntad altruista es conciente y adquirida.
La Torá nos da mitzvót para que tomemos conciencia
de nuestros deseos. El deseo sin educación espiritual es egoísta.
En cambio, educado correctamente es una fuerza poderosísima que nos permite
disfrutar de la plenitud infinita que emana de los mundos superiores.
Sólo de esa forma la Torá, que es la voluntad del Kadósh
Barúj Hú, es efectiva y transforma el egoísmo: la materialidad,
en altruismo: espiritualidad.
Desde mi cuerpo percibiré la plenitud
La forma original e infinita no tiene carencia, y donde no existe la carencia
no hay lugar para que se manifieste el egoísmo. El egoísmo, la
característica de lo imperfecto e incompleto, no tiene existencia en
el Kadósh Barúj Hú, “Allí” reina
la completitud, ya que ¿de quién va a recibir?
Cuando el libro de
Job (19:26) nos dice:“desde mi carne percibiré la divinidad”,
nos enseña que podemos percibir el mundo venidero (la armonía
infinita) también ahora, siempre que logremos superar ciertas barreras...¿A
cuáles barreras se refiere? Dice allí mismo a la piel,
o sea a la percepción instintiva. En hebreo piel ( )
y Luz ( )
se dicen or , la diferencia es que piel se escribe con la letra ain
( )
y luz con Alef ( ).
El cuerpo de Adam estaba recubierto de Or con Alef hasta
que experimentó el “fruto prohibido”. Inmediatamente
perdió su cuerpo de Or con Alef y quedó con un cuerpo
de or con ain, o sea de piel. El valor numérico de la letra
Alef es uno, lo que señala la conciencia del Uno sin segundo.
El valor numérico de la letra ain es setenta, señalándonos
las setenta
lenguas-naciones, o niveles de conciencia y los ciclos temporales
fuera del ámbito de la unidad.
Para sobreponernos a nuestra percepción inmediata-instintiva (de piel),
lo que sentimos o creemos, precisamos discernir en base a principios objetivos
que nos indiquen la dirección correcta: la Alef. De esa forma
sabremos que estamos actuando bien y en forma altruista des-cubriendo verdaderamente
el orden que rige tanto nuestra realidad como la de los mundos superiores
espirituales. Lo que debemos preguntarnos es: si los seres humanos, de una forma
u otra ya sabemos esto: ¿Qué debemos hacer para superar la indiferencia
que nos impide comenzar la tarea?
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