Bereshit

16) Vaierá «Sacrificios altruistas, sacrificios egoístas»

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Los desafíos que atravesamos en la vida revelan nuestra fuerza espiritual, nuestras prioridades y los objetivos por los cuales estamos dispuestos a vivir.
Abraham es el modelo de ser humano capaz de todo tipo de sacrificios con el objetivo de expandir la bondad hasta alcanzar la Armonía Universal.

Sdom era la ciudad más depravada de la época, sus habitantes personificaban la manifestación pura del egoísmo y la perversión.
Abraham, a pesar de ello, no piensa en destruirla ni pide a HaKadósh Barúj Hú que la destruya. Todo lo contrario, cuando HaKadósh Barúj Hú le comunica que Sdom será borrada de la faz de la tierra Abraham insiste en que debe haber personas justas por las cuales habría que dar a todos otra oportunidad. Abraham es el iniciador de lo que hoy denominamos la mentalidad judía, quien abrió al mundo la fuente original de inspiración para todo aquél que pretenda alcanzar la Bondad y la Justicia Universal.

A mayor desarrollo espiritual mayor responsabilidad
La humanidad abarca diversidad de razas, naciones, colores y lenguas. A pesar de las diferencias todos pertenecemos a una misma humanidad, con un destino común. Hay seres que alcanzan su desarrollo espiritual antes, otros lo harán después. Abraham representa el arquetipo de ser humano que alcanza su desarrollo espiritual y que, por lo tanto, trasciende la percepción subjetiva de la realidad. Ello implica una mayor responsabilidad hacia el prójimo, la sociedad y el mundo.

¿Cómo se constituye y funciona la subjetividad?
A pesar de que nuestra percepción de la realidad es totalmente subjetiva, la subjetividad tiene su propios mecanismos.
Hay pensamientos, imágenes, sensaciones, etc. de las que fácilmente tomamos conciencia. Hay otros de los cuales sólo nos percatamos en momentos especiales. Pero existen otros de los que nunca tomamos conciencia. Para esto último podemos encontrar dos razones:
1.No desarrollamos el lenguaje para articular esa realidad.
2.Es algo que nuestra experiencia y educación nos induce a reprimir y por lo tanto permanece fuera de nuestra conciencia. El sólo hecho de pensar en ello nos forzaría a evaluar la posibilidad de asumir actitudes que nuestra personalidad no nos permite tolerar, recordar situaciones que nos resultan desagradables o forzarnos a tomar en cuenta conductas que desafiarían nuestra forma de vida. En síntesis, aspectos que aún no estamos preparados a enfrentar.

Forzando la percepción
Algunos sistemas educativos y determinadas terapias logran forzarnos a que tomemos conciencia de ello. Sucede que al reactivar esas imágenes –para la cual aún no estamos preparados- nos enfrentan cara a cara una realidad que «no queremos que exista» ya que todavía no sabemos cómo relacionarnos con ella. Sería como enfrentar a un niño a situaciones propias de adultos. Esas terapias conducen muchas veces a la dependencia y/o depresión sin aportar una solución integral.

Desmitificando la realidad
El hombre tiende a mistificar las fuerzas que desconoce y así estructura su vida en el ámbito de la subjetividad. Como consecuencia surge la inestabilidad emocional, resultado de una conciencia insuficiente o distorsionada de la realidad. La Kabalá posee una nomenclatura que no sólo nombra sino que le da sentido a las situaciones existenciales. Todo posee un significado trascendente y es por ello que la Torá valoriza las vivencias necesarias para que los seres humanos alcancen la armonía con el prójimo y para que descubran, por sobre la aparente multiplicidad de fuerzas que rigen la realidad, que todo proviene de una Fuerza Única. En el lenguaje espiritual de Israel tales vivencias se denominan mitzvót y esa fuerza única HaKadósh Barú Hú.

Lenguaje y vivencia
La conciencia surge a partir de un lenguaje que pueda describir la realidad que percibimos: allí donde nuestro lenguaje no posee alcance no poseemos conciencia.
El lenguaje es el instrumento y la mente es el espacio donde el hombre puede discernir sus pensamientos.
Nuestro lenguaje, en la mayoría de los casos, está estructurado a partir de lo que sabemos pero también de lo que creemos saber. El lenguaje evoca y activa un recuerdo, pero si no poseemos esa vivencia (que evocamos) de nada nos servirá el lenguaje.
El estudio de la Torá a través de la óptica de la Kabalá –la estructura espiritual de la realiad- y el desafío en realizar mitzvót –actos de bien- nos ayuda a conquistar el ámbito de la vivencia. Entonces podemos relacionarnos libremente, ya que adquirimos la madurez emocional y mental para poder analizar objetivamente la realidad.

El lenguaje correcto
La conciencia de estos parámetros de influencia y su expresión en el lenguaje correcto nos ayuda a armonizar nuestra subjetividad con la realidad. El lenguaje correcto nos guía a discernir a través de caminos firmes neutralizando los pensamientos negativos. De ese modo podemos superar dependencias y estados depresivos, producto de las carencias en nuestra forma de expresarnos, lo que genera la falta de interacción objetiva con la realidad. El estudio correcto de la Sabiduría Interior de Israel, la Kabalá, nos permite el acceso a un lenguaje que no sólo nombra sino que nos activa en pos de la Fuente Infinita del Altruismo.

Amor propio: el instinto psicológico de preservación
Así como poseemos un instinto que a la vez que protege nuestra vida física concentra nuestra atención en los elementos protectores de la vida, nos aleja de los perjudiciales y hace que naturalmente pensemos primero en nosotros, análogamente el amor propio protege nuestra integridad psicológica pero a su vez nos dificulta percibirnos objetivamente.

Sacrificios altruistas, sacrificios egoístas
Quien es capaz de poner su vida en peligro al realizar un acto de heroísmo significa que pudo sobreponerse al amor que se tiene a sí mismo y en ese momento pudo sacrificar su honor, sus bienes o aún su vida por alguien o alguna causa.
Morir por una causa parecería un gran heroísmo. La Torá nos enseña que el gran

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