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Introducción
Oculto por nuestros sentidos, en nuestro interior,
se aloja el Profeta, nuestra Neshamá, quien
nos ayudará a develar el orden que rige la vida
y la Creación.
La música y el arte en general pueden ser un instrumento
que nos lleven a los dominios del Profeta y luego,
de su mano, a los reinos de la eternidad.
La música es la voz de una
nación cuando comprende su espíritu y tradiciones.
El Pueblo de Israel desde los inmemoriables tiempos
bíblicos y en dos milenios de dispersión ha creado
un lenguaje musical para expresar las aspiraciones
y los deseos del Hombre. Este lenguaje no es estático
tiene su raíz en una antigua y tradicional fuente
pero se proyecta siempre hacia el futuro. La raison
d’etre del Arte Judío, expresado aquí por la música,
no es sólo una búsqueda estética, es un medio
para ayudar a elevar al Hombre hacia la armonía
en todas las esferas de la vida.
En el judaísmo no
hay fragmentación de la realidad, hay causas y
efectos que se desencadenan de la causa primera,
el Infinito/ Ein-Sof. Dichas causas y efectos
unifican lo material con lo espiritual, designando
a lo material como un efecto - consecuencia de
lo espiritual.
El vocablo arte,
en hebreo omanút, proviene de la raíz amén,
al igual que lehitamén /entrenarse en la
generosidad y la entrega, oménet /nodriza,
quien da de sí misma, imún / entrenamiento
y emuná, que se traduce insuficientemente
como fe.
Emuná es el entrenamiento
en el conocimiento espiritual. Emuná es
la base del trabajo espiritual de Israel y tiene
dos aspectos que la conforman: emuná simple
(pshutá), y emuná con conocimiento
(shebedáat). La emuná es como el
amor que no mide ni limita; pero que no puede
subsistir sino es alimentado por el conocimiento.
Cuando realmente
hay amor hay entrega, fundiéndome y unificándome
con quien amo. Para poder hacerlo debo conocer
en profundidad a quien amo para brindarme de acuerdo
a su necesidad y deseo. Entonces, ese amor es
completo.
De aquí que la emuná
de Israel es un entrenamiento constante en la
generosidad, la entrega y el dar para servir al
prójimo y a la sociedad y ser Uno con el Uno sin
segundo.
El artista, en hebreo
omán, es quien perfecciona su instrumento
para dar y entregar de sí en la forma más perfecta
y armoniosa posible. En este perfeccionamiento
hay dos aspectos, uno exterior: su obra, y otro
interior: su deseo, su intención y voluntad, su
Neshamá.
El arte del pueblo
de Israel no consiste en una búsqueda de la belleza
estética, sino que es la materialización del deseo
del alma por la paz y la armonía. En el arte judío
lo estético aislado no tiene un valor trascendente.
Cada elemento es resaltado y valorado sólo en
relación al objetivo total que es la fusión de
nuestra voluntad con la Voluntad Superior: el
Kadósh Barúj Hú, a través de la aplicación
de las leyes objetivas codificadas en la Torá.
Toda manifestación
que lleve al hombre a dicho objetivo es arte judío.
Para ello el artista debe entrenarse en su entrega,
y corresponde que estudie conjuntamente con su
arte (donde su deseo se encuentra) las leyes que
rigen la vida y la creación a fin de hacer su
trabajo conscientemente y en la dirección correcta.
Es así que dicho artista logra la armonía del
deseo, es decir recibir para dar.
El arte judío, nuestra
emuná y omanút es el proceso de realización y
concretización de esa perfección que abarca todos
los estratos de la existencia. El arte judío es
fundamentalmente una forma de vida.
El Rey David, Betzalel
y el Rey Salomón, cuando crean música, poesía
y arquitectura respectivamente, nos enseñan y
transmiten qué es el arte judío por excelencia,
y ésa es nuestra fuente. Este arte ha sido cultivado
por el pueblo de Israel, aunque no siempre con
conciencia colectiva, es decir a nivel de todo
el pueblo. Esto se debe a la dispersión que sufrimos
por casi veinte siglos. Sin embargo, y a pesar
de ello, no olvidamos nunca nuestro firme centro:
Jerusalem con su templo, fuente de todo arte judío,
en donde la Sabiduría de Israel, el Pueblo de
Israel y la Tierra de Israel convergen en una
indivisible unidad con el Uno sin segundo fuente
infinita para todos los hombres.
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